Flor desnuda y perdida al borde de un precipicio

April 8, 2006

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Infectada, sin saberlo, con el misterioso virus que había devorado a tantas generaciones de hombres, desde hacía siglos, en todas las tierras de Poncia y de Caína, Celia pudo volver, sin tardar, hasta el brumoso destierro de Gilford’s Heigths, para continuar, durante los años que siguieron, la educación que le permitiría granjearse, andando el tiempo, una imagen cosmopolita de mujer de mundo.

La azarosa sucesión de encuentros y separaciones habían obligado a Celia y Laure  a conocer y habituarse al calvario de los tormentos y el dolor que las poseía cuando se alejaban la una de la otra, siquiera unos días; permitiéndoles celebrar los reencuentros que seguían con un gozo que debían sofocar y administrar con mucho cálculo, para no despertar la envidia de unas condiscípulas menos afortunadas que ellas, condenadas a un yugo sin esperanza ni ilusión de ningún tipo. Solo el reverendo Charles D.L. Carroll conocía y llegó a participar, con el tiempo, como cómplice, en sus interminables conciliábulos, compartiendo con ellas, lentamente, los flecos de una relación muy íntima e indestructible. Bastaba un gesto de Celia, apenas perceptible para el resto de sus condiscípulas, o una cierta entonación, en sus palabras, para que el iris y las pupilas de Laure cobrasen un brillo delicadísimo, en el que su amiga reconocía una señal, o una advertencia tácita. Laure podía recitar, de memoria, con muy distintas entonaciones, durante una clase de gramática, un poema célebre, a la memoria de una urna griega; pero solo Celia escuchaba en el ritmo y la música de aquellos versos los ecos melancólicos, anhelantes, entristecidos o ilusionados, de una noche de placeres solitarios, o la promesa de una entrega largo tiempo esperada. Así, la severa autoridad de la vida escolar se convertía, para ellas, en un laberinto donde aprendían a vivir, emboscadas en una oscuridad que no era prudente iluminar al resto de las internas, para evitar envidias y sospechas. Sin embargo, el reverendo Carroll no tardó en advertir que los ojos de Laure brillaban con una irisada transparencia, en algunas ocasiones; aunque fue muy amarga su decepción al comprender que esa luz no estaba dirigida hacia al objetivo de la máquina fotográfica con la que continuaba fijando, para la eternidad, la figura apolínea de la más querida de sus discípulas. Muy cultivado en la naturaleza espiritual de algunos efectos ópticos, pronto advirtió el reverendo Carrol el objeto precioso que hacía brillar los ojos de Laure con una luz tan sutil y encantadora. Él ayudaría a aquella orquídea solitaria el arte de recibir en los labios de su delicadísima corola el homenaje de una sutil trompa de mariposa, entregándole los pólenes y el áureo polvillo que pudiera sembrarla con la ilusión de la vida. La calidad, muy apreciada, de sus clases de lógica y matemáticas le permitía premiar a sus mejores alumnas con algunos paseos pedagógicos, de los que regresaban maravilladas por incontables descubrimientos y tesoros, destinados a enriquecer los herbarios del colegio, haciendo soñar a aquellas ninfas embriagadas por la brisa del océano.

 

Algunos fines de semana, cumplido el primer servicio religioso, muy de mañana, en la fría y diminuta capilla del internado, el reverendo Carroll podía acompañar a sus mejores alumnas, durante jubilosas excursiones, pertrechado con el utillaje necesario para cazar mariposas, coger y guardar hierbas y flores de las especies más raras, silvestres y delicadas, siguiendo el intrincado curso de unos senderos siempre más alejados de las últimas casas del lugar; siempre más próximos de las cumbres borrascosas donde la cercanía de los acantilados y el mar daba a las ráfagas de viento una fuerza tonificadora para sus rostros y sus corazones, embargados por una agitación tan oscura y ciega como la de algunas rarísimas mariposas descarriadas por aquellos parajes, en busca del néctar de una flor desnuda y perdida al borde de un precipicio.

 

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2 Responses to “Flor desnuda y perdida al borde de un precipicio”


  1. […] Biografía NO autorizada de CJC. Flor desnuda y perdida al borde de un precipicio. […]


  2. […] Biografía NO autorizada de CJC. Flor desnuda y perdida al borde de un precipicio. […]


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