“Quiñonero y la vida literaria”

October 27, 2006

Leo con algún retraso este artículo de Ramón Jiménez Madrid, publicado en La Opinión [Murcia, 6 de octubre 2006]:

 

 

QUIÑONERO Y LA VIDA LITERARIA
Ramón Jiménez Madrid

Puede gustar o no, pero la obra del totanero Juan Pedro Quiñonero, aunque parisino desde hace muchas calendas, tiene miga y fuerza. Tras haberse pasado mucho tiempo con una escritura narrativa basada en el experimentalismo y en la vanguardia léase mi libro Novelistas murcianos actuales, en la Academia Alfonso X El Sabio parece que se decantó hacia el ensayo informal, creativo, poco académico, transitando hacia las zonas noventayochistas, tal como expliqué en un ensayo en la revista Quimera.

 

 

Pero una tercera fase a falta de un estudio definitivo parece que lo ha lanzado de nuevo en la narrativa con dos novelas casi seguidas en donde se inclina hacia los símbolos de la patria y donde aborda, sobre todo en la que ahora analizamos, La locura de Lázaro (Renacimiento / Espuela de Plata), una problemática figura llamada Celia Jiruña Carón (CJC) que consiguió en su día el Premio Nobel de Literatura por obras tan celebradas como La almadraba, que apunta inevitablemente hacia La colmena, aparte de otras varias composiciones y menciones que van encaminadas en la misma dirección.

 

Los primero que ha de dilucidad el lector de La locura de Lázaro es si el autor trata de una novela real o de ficción, si ha seguido en cercanía la vida de Camilo José Cela de la que no sería sino un guión que ya estaba escrito o si ha procurado centrarse imaginativamente en la consecución de un alma femenina, de una escritora, enredada, como el gallego, en el hipócrita mercado de las vanidades literarias, en el reducido conjunto de las intrigas artísticas, en ese universo de grueso calado en donde salen a relucir personajes auténticamente reales como Gerardo Diego, Azorín, Baroja, Dámaso Alonso, Rafael Conte y otros tantos que han sido disimulados bajo nombres aproximados, junto a otros varios que no pertenecen al recinto de lo verdadero cual suele ser habitual en los mundos de ficción.

 

Aunque caben muchas interpretaciones, por tratarse de una obra abierta, podríamos preguntarnos si se trata de un ajuste de cuentas con un escritor que le copió la estructura de Oficio de tinieblas en Escritos de VN y Ruinas o simplemente se persigue un afán paródico.

¿Se ha de considerar todo un ataque frontal a la línea de flotación de la sagrada vaca literaria o se trata de un recurso de humor del totanero, alguien que le da la vuelta a la tortilla y, transformando el género, modificando el sexo, nos cuenta la historia completa, el proceso humano o deshumanizado de un famoso escritor que ha obtenido, a base de peleas, soberbio y orgullo, todas las glorias humanas y divinas, alguien que ha dado lugar a espectáculos y bochornos culturales?

 

 

Por mucho que quiera, el lector no consigue apartar de su lectura el recuerdo de Cela en su Caína (trasunto de España y de sus complejos históricos), por tanto no puede dejar de crecer en su interior la personalidad de Celia, esa figura que se difumina y apaga en muchos tramos, como si todo lo que se cuenta se relacionara con ella, tuviera que ver con su mundo, pero en donde ella no participa sino para dirigir los destinos, lograr los propósitos, y conseguir las mercedes que deseaba, en especial esa glorificación de su persona oronda y obesa a través de amistades con los encumbrados, a base de revistas minoritarias y herméticas como Papeles de Caína (remedo de Son Armadans) que se han de leer en revistas americanas.

Se impone la ambición desordenada de quien mantuvo largos problemas familiares salen a relucir las diferencias con su hija en pleito por un cuadro de Miró, los conflictos con el sexo, las relaciones políticas (se alude a la condición de censor franquista, en su juventud) y otras cuestiones que nos hacen pensar que Quiñonero no pretende esquivar lo que se mencionaba a media voz, tampoco evitar la polémica de una obra rica en lenguaje, con numerosos retornos a la manera de Proust, con pliegues y revueltas y obsesiones con ataque frontal a las posiciones privilegiadas del mito.

Autor fuerte, duro, intelectual, complejo, difícil, metaliterario, culturalista, Juan Pedro Quiñonero no tiene reparo ahora en seducir desde otros ángulos, acaso más conflictivos y originales.

 

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