Las relaciones de mi CJC con las artes y literaturas de vanguardia es evocada es varios capítulos, 130, 131, 141, 143, 144, 145, 146 y 149, entre otros. En su historia tienen particular importancia las relaciones amistosas de su hija, Celia jr., como jóvenes artistas que ejercieron cierta influencia, de Guillermo Pérez Villalta a Ignacio Gómez de Liaño, de Javier Ruiz a Isidoro Municio. La desfloración de Celia jr. precipitaría luctuosos acontecimientos…

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Ángel García Galiano, crítico y novelista, estima que mi novela La locura de Lázaro es “un libro sorprendente” [ .. ] “un fresco impagable de la situación político-cultural española de entonces y de ahora, reconvertida en universo mítico” [ .. ] “una comedia bárbara solanesca, pero retocada con la fina mirada entomológica de un admirador de Nabokov”. Uauuuuuuuuuu…

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109

Dolores del Bosque irrumpió en las vidas de Celia y Ramón como una avecilla de paso, una primavera, en los pasillos de Azanca. Su primer trabajo fue archivar diapositivas de mujeres desnudas, en las más variadas posiciones lúbricas, obscenas, utilizadas como carnaza fácil para la ilustración de muchos fascículos de la Enciclopedia del Buen Amor. Allí donde una joven de otra sensibilidad se hubiera sentido vejada, Loli cumplía su tarea con una pulcritud entomológica y un rigor clínico que le permitía clasificar, con su nombre exacto, científico, o vulgar, las ilustraciones fotográficas, comerciales, de las más variadas posiciones, variantes, habitudes, vicios, manías y caprichos de la imaginación, o la carne alumbrada.

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115

Dos días después, en su casa de San Diego, tomando un aperitivo, antes de cenar, entre un escogidísimo grupito de amistades, Ramón Sender reía estrepitosamente, como un niño, escuchando a Celia contar con mucho detalle el incidente de su llegada triunfal a las dependencias del departamento de literatura contemporánea de la UCLA, en Westwood. Fatigada y ligeramente decepcionada por la acogida de sus conferencias, ante un público minúsculo, con un conocimiento muy dudoso de la lengua y los entresijos donde había florecido su obra, Celia se dejó llevar por su sentenciosa tentación de mofa y desprecio por cuanto desconocía; arremetiendo contra la demencial y espantosa trivialidad de los lugares y personajes que se veía obligada a frecuentar, sin entender que se esperaba de ella en unos seminarios apenas más grandes que el ascensor donde habían estado encerrados durante horas interminables…

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163

El alejamiento de Celia jr. comenzó siendo ocasional, antes de convertirse en una afrenta dolorosa, para ambas, madre e hija. Durante un tiempo, que fue muy breve, volátil, y coincidió con su venturosa iniciación a la vida, Celia jr. encontró en las faldas del regazo materno todo cuanto necesitaba para ser feliz. De hecho, sus primeros antojos amorosos, los primeros hombres que la cortejaron, todos fueron amigos, conocidos, discípulos o admiradores de su madre, asiduos a las tertulias vespertinas del Encinar. Tomado el camino de una temprana independencia, Celia jr. pasó de mano en mano, como una moneda de bajo precio, creyendo ser ella quién elegía a sus compañeros de lecho, antes de terminar en una pensión muy modesta, a la incierta espera de ser capaz de liberarse de la tutela materna. En aquella casa de huéspedes coincidió con Eduardo Haro Ibars, que por entonces trabajaba en su estudio sobre Lou Reed y la nueva cosa neoyorquina de la época, y debía presentarle a Ángel Vázquez, que repetía en voz alta los monólogos de la perra vida de su Juanita Narboni y ejercería sobre ella una influencia de ángel tutelar.

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117

 El Sunset Hotel que había conocido Lolita, durante los breves semestres que estudió rudimentos de inglés, marketing, publicidad y escritura creativa, en Berkeley, todavía era un hotel anticuado e incómodo, cuyo principal encanto era la liberalidad de su dirección, aceptando a una clientela de paso que pagaba el precio de una habitación, una noche, por una hora escasa de penumbra y vaga intimidad, entre parejas de hombres o mujeres, en confusa promiscuidad, insensibles a una higiene muy rudimentaria, indiferentes al ruido incesante de los ascensores y la publicidad fluorescente del hotel, iluminando todas las habitaciones exteriores con las sombras de su intermitente luz roja. Con los años y el próspero florecimiento del comercio del sexo, en sus modalidades más variadas y peregrinas, el hotel había sido comprado por una cadena de establecimientos especializados en atender los caprichos de clientelas muy diversas…

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Ana María Matute es la única amiga de la infancia todavía fiel a mi Celia Jiruña Carón, cuando esta, ya muy madura, decidió casarse en segundas nupcias con un locutor radiofónico, tras recibir el premio Nobel, víctima, quizá, de unas fúnebres fantasías eróticas.

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Celia hubiera deseado dar a su segundo desposorio el barniz de una vida coronada con gloria. Pero todas sus amigas de infancia habían muerto, o eran unas ancianas cuya presencia, en una ceremonia nupcial, hubiera provocado muchas risas y chanzas…

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